lunes, 3 de junio de 2013

Cuestión de "decidir".


Hay un momento en nuestras vidas en el que nos cuestionamos qué queremos ser en un futuro, y por desgracia o por fortuna, ese momento se ve acompañado de un cúmulo de decisiones que debemos tomar, para bien o para mal. Y en mi opinión, hay decisiones que no se deberían tomar a edades tan tempranas. Expresándome desde mi propia experiencia, he de decir, que no gusta sino duele el hecho de tener que abandonar ciertos caminos recorridos durante años, de trabajo y dedicación, de esfuerzo, de devoción, sólo por hacer lo "correcto". Yo mismo, hace dos años, tomé la decisión de abandonar los estudios de música por adentrarme en una carrera universitaria, cuando en realidad ya llevaba muchos años dedicándome a una cuya duración total es de 14 años.

Cuando llega ese momento en el que tienes que cuestionarte si el camino que estás recorriendo es el que realmente te llevará a ser feliz, es entonces cuando realmente existe un problema, hay algo que nos remueve la mente. Pues, si de verdad fuera este el camino que queremos recorrer, no tendríamos que preguntárnoslo. Y es entonces cuando pienso, si realmente estar donde estoy, a donde he llegado, ha merecido la pena, o si estoy desaprovechando otras oportunidades que están ahí, al alcance de mi mano. Sólo es cuestión de "decidir".

Algo peor que ese sentimiento de desmotivación ante una cuestión así, es el hecho de sentirse culpable. Yo soy quien decide mis aspiraciones, yo debería marcarme unas metas, pero el esfuerzo ajeno no debería quedar atrás. Demasiada dedicación han tenido familiares y amigos, demasiado apoyo externo para decidir ahora si ha sido o no útil. Yo no he puesto en duda el trabajo y dedicación de mis padres para poder llegar a donde me encuentro, y nunca reprocharé nada. Me han hecho sentir capaz de todo, me han apoyado y me han dado las fuerzas necesarias para lograrlo. Pero no todo es cuestión de "poder". Yo quisiera ser un estudiante motivado con su carrera universitaria como otro cualquiera, o por lo menos no tener otras aspiraciones que me alejaran de conseguirlo. Pero no es así. Llego a un extremo, en el que me siento casi impotente, como si estuviera en una cuerda floja y tuviera que decidir si cruzar, lanzarme, o volver atrás. Si todo fuera cuestión de poder, yo podría ser lo que quisiera, podría ser un currante más, podría ser filólogo, o podría ser un gran músico. Podría ser todo lo que me propusiese, porque así me he sentido de apoyado siempre. Pero ahora entra algo más en juego, y es lo que quiero. ¿Qué quiero hacer? ¿Estoy desaprovechando el tiempo? ¿Es este el camino que quiero recorrer? ¿Estoy a tiempo de retomar lo que dejé atrás y que de verdad me llena?

Ya sé que muchos de vosotros no llegaréis a entender el por qué de esta mi forma de pensar, o por qué no tomo ya la decisión adecuada. La respuesta es sencilla. Mi decisión me concierne a mí, pero envuelve a todo mi entorno, y es difícil. Ahora, yo os hago una pregunta y es la siguiente: ¿Si pudierais volver atrás, a ese momento decisivo en el os debatisteis entre trabajar o estudiar, ser médico, albañil, profesor, transportista, chef, músico, arquitecto... cambiaríais algo? Yo creo, que estoy a tiempo de corregirlo.

Y a esto añado una cita del político estadounidense Theodore Roosevelt, que encuentro muy inspiradora: "In a moment of decision, the best thing you can do is the right thing, the next best thing is the wrong thing, and the worst thing you can do is nothing". Tr.: En cualquier momento de decisión, lo mejor es hacer lo correcto, luego lo incorrecto, y lo peor es no hacer nada.



lunes, 6 de agosto de 2012

Cuando abres los ojos, y sonríes.

He insistido tanto durante tanto tiempo.
He mirado todo tipo de pantallas durante tantas horas.
He contado esas horas que pasaban durante tantos días.
He deseado tener menos tiempo para dejar de contarlas.
He pensado tantos nombres para describirme.
He notado con mi cuerpo una necesidad de destrucción.
He cerrado tantas ventanas para sofocar el sudor frío.
He dado todo por perdido.
He dialogado con mi interior si realmente estoy bien.
He visto que en realidad me siento nuevo.
He sentido que sigue ahí aún con mi torpeza.
He tenido la oportunidad de contemplar su sonrisa de nuevo.
He apreciado lo que antes ignoraba.
He sido capaz de hacer reír.
He gritado para mis adentros que seré feliz.
He agarrado con fuerza lo que antes quemaba.
He cerrado mi mente abierta.
He aprendido a ser capaz.

miércoles, 18 de julio de 2012

Haz-Deshaz

Hizo las maletas, aunque de un modo poco usual, no como siempre. Sabía que llenarlas era un acto absurdo y que cada elemento iba a recordarle a él. Cada color y esquina de la habitación llevaba su nombre y un momento en su mente. Desde las horas que le marcaba un reloj, hasta el más insignificante billete de tren: el que zanjó el último viaje que les separó lo guardaba escondido tras su foto juntos, en un mural en la pared. En el centro sonríen. Quizá prender fuego al lugar sea una solución fácil, llegó a delirar.

Habría sido todo perfecto si las cosas no se hubiesen torcido, si el destino hubiera sido más amable. A lo mejor quizá ni el destino podía haberlo prevenido. Todo había sido rápido e indoloro, pero el hinchazón vendría después. Para uno de ambos, la vida iba a transcurrir casi con total normalidad. Fue bonito, cierto, toda una experiencia a sumar, pero nada vital. Para el otro individuo, había sido un completo examen, y aprendió lo suficiente para seguir viviendo. Sin saberlo, había contribuido a hacerle crecer, en muchos aspectos.

Lo tenia más que aceptado y todavía lloraba. No estaba triste, no era una situación desoladora, pero le echaba de menos. Pensó entonces en cometer locuras. Escaparse hasta donde los caminos ya no se diferencian en la memoria, y perderse. Llegar a la primera playa y dormir donde una vez hizo que se enamorara. Gritar por la calle que le quiso, y que fue todo muy injusto. Subirse a un tren, mirar al horizonte y elegir un destino no pisado. Hacer lo inesperado y lo primero que imaginase. Cambiar de ser. Mil cosas.

En el fondo se sentía egoísta, por quererle sólo para él, aún sabiendo que habría un fin algún día. Puede que por eso le torturara por dentro, y decidiera adelantarse a terminar con todo, a vaciarse por un momento de sentimientos y sacar la razón de la que siempre presumía. Siempre actuó de consejero y esta vez tenía que hacer una terapia propia de sí. Por eso llegó a ser consciente de que no podían seguir sufriendo. Y si no era sufrimiento, evadirse de la situación incómoda que ya se había generado.

[...]

Cuando acabó todo, le dio las gracias por ser así, hacerle sonreír en el último instante. Suspirar conforme con un abrazo cuando en realidad deseaba un último beso. Y no, habría sido peor. En el fondo fue bueno con él. Casi no llegaba a creerse que todo hubiese acabado de una forma tan simple. Una tarde tan común como otra cualquiera. Aún siendo la última.

Era obvio que pensara entonces que aquella iba a ser la última tarde. Su sentido de la realidad le decía que volver a verse tan normales no iba a ser nada bueno ni nada fácil. El mismo sentido de la realidad que otras veces se las había hecho pasar putas, y equivocarse, y entonces por un segundo dudó. Que tenga lo que tenga que ser fue lo más lógico de su razón, dejó de preocuparse por el devenir y pensó más en hacer cosas que le hicieran sentir realizado. Es muy joven, lo tiene tan asumido que no se molesta en cavilar sobre cuestiones futuras, todavía le quedaba mucho por aprender, por vivir y por ser.

Las maletas, ficticias, estaban hechas en su mente. Se planteaba dar un giro en su vida y ser lo que había aprendido en ese corto tiempo de persona enamorada, dar lo mejor de sí y no ilusionarse en recibir lo mismo, sino conformarse con los detalles mínimos, que son sin duda los más importantes. Dejó de pensar entonces en escaparse a esos caminos, dormir en la playa, gritar por las calles, subirse a un tren, hacer lo inesperado, ser otro ser y comenzó a sonreír. No hizo gesto más placentero que tumbarse en la cama mirando a un techo blanco, apagar las luces y hacer razón no sobre lo que podría haber sido si todo hubiese continuado sino, lo feliz que le había hecho, expresar todo su agradecimiento con esa sonrisa interna.

Deshizo las maletas y durmió.

martes, 12 de junio de 2012

La inspiración del que siente

Otra letra. Esta ha surgido de esos momentos en los que no sabes qué más decir. De cuando solo puedes escapar escribiendo. Y es que todo cambia de un segundo al siguiente.

“Puntos Suspensivos”

Lo publicaron los carteles:
“tocaste notas disonantes”
Y en el momento inoportuno
“Jodió el centro de la semana”.
No es modo de aprendiz,
el examen sorpresa de conciencia,
y no es todo tan mío, se comparte.
La media es importante.

Que me dicen los tiempos,
que ahora andan más revueltos,
este permiso no va a puntos
y cada infracción nos sanciona a ambos.
Quizá son solo teorías,
o esas noches de las mías.
Lo cierto es que tengo motivos,
lo cierto es que no es temporal.

Que me dice mi gente,
que ahora estás un poco reticente,
que de modo aparente,
has pasado a estado efervescente.
Y creas guerras en mi vientre,
afectas al conjunto de mi mente,
no estoy al día en tu presente,
y eso me arrastra a volverme, siempre.

¿Y ahora qué?
¿Has pensado quién va a expresarse?
Si empiezas y me callo, yo, cobarde.
Si empiezo yo no sabré desplazarme.
Porque, no sé.
No sé si esto es ropa de gigantes,
o es que no soy de tallas grandes,
Es como un tacto con los guantes,
que todo engaña pero no los pies.

[...]

Quizá debo aclararlo,
y esperar el comentario.
Positivo o polo opuesto,
y me ayude a reinventarlo.
¿De qué sirven los silencios,
si la voz lo expresa todo?
Que si esta crisis es mundial,
no nos falten los “te quiero”.



lunes, 6 de junio de 2011

AHORA, SERÁS BORIS IZAGUIRRE

“Hoy en día, puedo sentirme seguro de que voy a pisar la calle y voy a saber quien soy yo en todo momento. Se que cuando de un paso voy a detectar que nadie me está mirando mal, que nadie esta criticándome por mi forma de caminar, por como muevo los brazos, porque cojo el asa de la bolsa con el ante-codo, o porque lleve un bolso colgado del hombro. Hoy se que nada de esto me va a impedir continuar caminando, y hoy se que es una gran mentira. ¿Por qué engañarnos? Todos sabemos que cuando nos damos la espalda ya comienzan los rumores, las suposiciones, que todo empieza a zumbar tras de ti. Que tu sombra puede que sea saboteada una noche, y te veas en el suelo apalizado, que no te acepten en ciertos trabajos, en ciertos lugares, o te insulten en alguna situación. ¿Es esto justo? Para unos sí, para otros nada en absoluto. ¿Porqué dejar que alguien nos bloquee las salidas o no nos ceda el paso?

Hoy, he leído y escuchado mi nuevo apodo, Boris Izaguirre. Al principio no me ha importado, a decir verdad, me ha encantado que me hayan comparado con ese showman televisivo tan popular, tan revolucionario, que lucha día a día por nuestros derechos, aunque sea de una forma frívola o escéptica, o incluso de una manera cómica y burlesca. Ha llegado al éxito, sin importar en su situación, latinoamericano y homosexual. Ha triunfado en España, en una época tan llena de una moralidad cerrada. Ha tenido que enfrentarse a las costumbres de sus país, Venezuela, machistas, retrógradas, cerradas, y todo con una sola y única forma de pensar, viendo las debilidades del ser humano que está todo el tiempo disfrazándose por aparentar en cada momento, él solo destapa las mentiras y las hipocresías que esas situaciones provocan. El solo quiere hacer ver. Nos ha abierto los ojos mediante la risa y su propia animación. ¿Qué mas decir de un personaje tan cultural? Alguien que ha escrito multitud de novelas, y todas son conocidas y famosas, representadas, lideres en audiencia. Apuesto a que la mayoría no sabemos que hemos leído o visto una novela y ha sido escrita por él. Por Boris Izaguirre.

Hoy, me siento orgulloso de que me hayan hecho esa comparación. De que aunque desde su punto de vista sea para un modo despectivo y con burla, denote en mí el interés para saber que aún queda mucho por hacer, por socializar. Porque todavía no podemos caminar por la calle sin que nos importe lo que critiquen por detrás, pues si nos importa, es porque todavía nos critican.”